Jueves 19, febrero 2026, 9:13 AM Santiago, Chile, 13:15 PM Colonia, Alemania. Whatsapp: F. dispara: “Yo me invito a entrar a la casa del vino cuyas puertas siempre abiertas no sirven para salir”. JP. -Hey, ¿y si escribimos de vino, maridajes y Dionisio? F. -No se diga más. Ni tonto ni perezoso (o no tanto), el mismo día que hablamos parto a la Tienda de Vinos La Reina. El plan era gastar en una botella lo suficientemente cara para obligarme a apreciarla. Venía de 2 semanas de glotonería estival, vacaciones con la familia donde el foco estuvo en tragar de modo indulgente. Si mis cálculos no fallan me traje poco más de cinco kilos de recuerdo. Entonces había que bajarle un poco a la cosa buena y, para ello, nada mejor que apagar el fuego con bencina. Comprar un veneno fino para intoxicarme con elegancia. No suelo gastar más de cuatro lucas por botella, en Chile se toma excelentísimo vino por menos. Mi paladar no es exigente, estoy más cerca de “Garganta de Lata” que de un connoisseur. Mi caballlito de batalla, y caballito favorito a la fecha, es el Carmenere Santa Emiliana, que se puede encontrar por poquito más de $2.500 (chilean pesos). Ya habrá momento para dedicarle las letras que merece. ...